SOSTENIBILIDAD Y SALUD EN EL VEGANISMO; COWSPIRACY, MÁS ALLÁ DEL MITO

Quiero comenzar dejando claro que esta entrada supone un análisis y una crítica sincera y personal a una determinada postura que se refleja en el famoso documental Cowspiracy, y no una crítica a todo el veganismo.

Es claro que el consumo actual de carne (sea procesada o no) y pescado son insostenibles y se deben reducir drásticamente. Así como la adopción urgente de técnicas más sostenibles, tanto en la ganadería como en la producción de pescado, por los altos impactos medioambientales y energéticos que implican, así como un maltrato innecesario para los animales.
En cuanto a la salud, recientemente, la Organización Mundial de la Salud ha dado unas indicaciones con una nueva calificación en relación al aumento en el riesgo de padecer determinados tipos de cáncer debido a un consumo elevado de carnes procesadas y posiblemente también, la carne roja, aunque en menor medida.
Algo que no es nuevo, y ya se venía perfilando en estudios como este o este, donde también se distinguía entre carnes rojas y procesadas.
Recordemos, nunca está de más, que la alimentación es crucial a la hora de prevenir la aparición de enfermedades y, junto con otros hábitos saludables, como no fumar tabaco o mantenerse activos físicamente (no necesariamente deporte), pueden prevenir hasta un 70% de los casos de cáncer.

Las emisiones de metano debidas al ganado, la deforestación, las poblaciones desplazadas, el aniquilamiento de la fauna autóctona, el elevado consumo de agua, etc, son las desagradables y habituales consecuencias del modelo ganadero intensivo actual, entre otras consideraciones.
Por otro lado, es una vergüenza que algunos grupos ecologistas no tengan en cuenta el impacto del ganado, o que en Brasil te maten a balazos si hablas de ello, como bien expone el documental Cowspiracy.
En Alemania, han llegado a proponer que se venda carne solamente una vez a la semana en restaurantes y bares, por lo que la industria cárnica ha puesto el grito en el cielo.
No obstante, sería un buen comienzo, aunque quizás, dos o tres días a la semana tendrían mejor acogida.
Incluso organismos oficiales, como la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, van sugiriendo alternativas al consumo  de proteínas de origen animal convencionales, como los insectos, permitidos por la Unión Europea, aunque en España todavía no está regulado aun su comercio gastronómico.
Personalmente, me parecen una buena alternativa para los piensos de alimentación animal porque de momento no va a tener una gran proyección social entre los humanos debido a las implicaciones culturales que conlleva.

Una vez dicho todo esto, el documental en cuestión, no pasa de ser, en el mejor de los casos, un panfleto con tintes supremacistas en el que se llega a afirmar que sólo los veganos pueden ser realmente ecologistas. Una afirmación que no es cierta, como iré explicando, y menos mal por cierto; cuantos más seamos mejor.

El documental está basado, principalmente, en un estudio groseramente mal diseñado, La larga sombra del ganado de la FAO, que ya ha sido rebatido, y compara peras con manzanas, como admite las propias Naciones Unidas; contabiliza las emisiones del ganado, tanto directas como indirectas, de toda la industria de la carne, de punta a punta, cosa que no hace con el transporte, con el que realiza la famosa comparación (“el ganado produce más emisiones de efecto invernadero que el transporte”).
En este último caso, se miden sólo las emisiones directas procedentes de la quema de combustible en el motor, y no la extracción de combustible, su transporte, la producción de vehículos, etc.
Además, no están nada claras las cifras de emisión de metano (un gas que tiene hasta 25 veces más efecto invernadero que el Co2) debidas al ganado, que usualmente se sitúan entre un 30-40% del total de emisiones de metano antropogénicas.
Pero no es algo que sea fácil de medir y estas cifras varían bastante respecto al mencionado estudio de la FAO, como indica esta magnífica revisión de estudios al respecto, con las cifras de otros organismos, como la EPA (Enviromental Protection Agency de EEUU) o el IPCC (Intergovernmental panel on climate change de las Naciones Unidas) .
Es más, cuando se tiene en cuenta la capacidad de retención de CO2 por parte de los campos de pastoreo según el tipo de ganadería que se use (extensiva sin implicar la tala de árboles como suele ser en Argentina, por ejemplo, vs. intensiva o extensiva talando bosque, como en algunas zonas de Brasil) el impacto de la ganadería es bastante menor. Como refleja este estudio que se resume en este cuadro;

Lo mismo ocurre si se atiende a los distintos tipos de alimentación para ganado y su relación con la fermetación entérica (digestión), que es lo que produce el gas metano;

Actualmente no esta claro que tipo de alimentación para ganado tiene menos impacto en cuanto a gases de efecto invernadero se refiere. Parece ser, que la introducción de algunos cereales, como el maíz, o algunos suplementos de ácidos grasos, disminuye la fermentación entérica de los rumiantes en comparación con una dieta a base de hierba más fermentable, como indica este informe, el cual, no  obstante, está financiado, entre otros, por Nutreco, una de las grandes corporaciones de alimentación animal.

Este informe también recoge la posibilidad de mejorar el tipo de forraje, si se opta por este tipo de alimentación, usando hierbas más viejas, más leñosas o con mayor grado de lignificación, además de trocearlas previamente, todo lo cual las hace menos fermentables que el forraje más joven y tierno, más fermentable y por tanto se emitiría menos CH4.
Se suele indicar que aún así, las emisiones serían también mayores que en el caso de piensos concentrados, a base de cereales y leguminosas, por requerir éstos menos cantidad de energía y alimento para lograr el mismo engorde, es decir, que la mayor productividad supuestamente hace más eficiente la digestibilidad y la cantidad de la alimentación usada , por lo que las emisiones son también menores.

Eso si, el informe se olvida de las emisiones que conlleva traer piensos de la otra parte del mundo y que están sujetos a un modo de producción totalmente insostenible,
además de otras consideraciones, como las emisiones de NO2 y CH4 provenientes de los desechos y purines de la ganadería intensiva, el agua que consume su gestión y los acuíferos u océanos que contaminan. Los desechos en ganadería extensiva no tienen el mismo impacto al ser depositados en pastos y manejados en seco, no en piscinas o con agua a presión como ocurre con las purines de la ganadería industrial intensiva, en vez de aprovecharse para obtener energía (gas metano) como hacen en Canadá, o aprovecharse para abono animal.
Tampoco se mide la capacidad de retener CO2 que tiene la integración sostenible de ganado y cultivos, la capacidad incluso de prevenir más incendios retomando el pastoreo, la pérdida de abono animal por la gestión industrial de purines, etc.
Ni la FAO ni este estudio hacen el cómputo global de emisiones, ni tampoco se plantean hacer pedagogía para bajar el consumo de carne. Por el contrario, ponen el foco en aumentar la productividad y combinar distintos piensos a base de cereales y leguminosas para emitir algo menos de metano, es decir la pescadilla que se muerde la cola.
De todas estas distinciones no se hace eco el documental Cowspiracy.

El tipo de ganadería extensiva, integrada con cultivos en el ecosistema, es también beneficiosa para la bio-diversidad, el desarrollo de la cadena trófica, la movilización de semillas, la recuperación de nuestras dehesas, mejora de acuíferos y la prevención en la degradación de tierras, contribuyendo a la captación de CO2, siempre que estas tierras no procedan de la tala de bosques, claro.

Por otro lado,  atendiendo sólo a las emisiones de metano, expresadas en equivalentes de CO2, éstas representas un % bastante más bajo que la quema de combustibles fósiles, como se observa en el cuadro recogido en este informe del IPCC;


a) Emisiones mundiales anuales de GEI antropógenos entre 1970 y 2004.5 b) Parte proporcional de diferentes GEI antropógenos en las emisiones totales en el año 2004, en términos de CO2-eq. c) Parte proporcional de diversos sectores en las emisiones totales de GEI antropógenos en 2004, en términos de CO2-eq. (En silvicultura se incluye la deforestación).

También la Global Footprint Network, ha calculado de forma exhaustiva la huella ecológica por actividades a nivel mundial, y la quema de combustibles fósiles representa casi la mitad de esta huella (48%), llegando a recomendar que es ahí por donde hay que comenzar para atenuar el impacto medioambiental de nuestra actividad.

En cuanto a sostenibilidad, comparando las dietas basadas en consumo de vegetales con otras dietas;

El consumo de carne requiere más recursos que los necesarios en una dieta ovolacto-vegetariana como demuestra este estudio , aunque advierte de que ambas son insostenibles y ambas usan gran cantidad de combustibles fósiles.

Y mucho ojo con que se sustituyen las proteínas de origen animal, ya que puede implicar hábitos dietéticos menos sostenibles que el consumo moderado de carne procedente de algunos tipos de ganadería (extensiva con forraje) o pescado (estableciendo reservas pesqueras con marca propia o críados en acuaponia de ciclo cerrado alimentado mediante la vermicultura, por ejemplo).
Así pues, una dieta basada en vegetales puede tener un elevado impacto medioambiental si se trata de alimentos kilométricos, transportados desde la otra parte del planeta, y producidos en monocultivos intensivos industriales fuertemente ligados a agro-tóxicos contaminantes.

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Fuente imagen; Entre mate y otras yerbas

Por lo que no es cierto, en todos los casos, que las dietas basadas en el consumo de vegetales tengan menos impacto medioambiental que las que incluyen un consumo moderado de carne de producción más sostenible y local, como sugiere este estudio;

“Aunque la dieta vegetariana promedio bien podría tener una ventaja medioambiental, las excepciones también pueden darse. El transporte aéreo de larga distancia, la ultra-congelación, y otras practicas de cultivo pueden implicar cargas medioambientales para vegetarianos que sobrepasen las de la carne orgánica de producción local”

Y con los nuevos grupos de consumo o el mercado de cercanía y las nuevas ganaderías locales, más respetuosas con el medioambiente, esto es cada vez menos excepcional si nos fijamos de donde vienen y como se producen los alimentos que nos encontramos en un supermercado corriente;

“Se calcula que la comida viaja de media unos 5 mil kilómetros del campo al plato, con la consiguiente quema de hidrocarburos e impacto en el medio ambiente. Estos alimentos viajeros generan casi 5 millones de toneladas de CO2 al año, contribuyendo a la agudización del cambio climático”
Informe sobre alimentos kilométricos de Amigos de la Tierra.

También cabe señalar que gran parte de esos alimentos kilométricos, además de vegetales y otros productos derivados, son piensos para alimentar al ganado que desplazan otros cultivos para consumo humano, lo cual sería otra razón a la hora de elegir el tipo de ganadería que se consume y como ha sido alimentada.
Otro aspecto a tener en cuenta es que algunos de los alimentos etiquetados con el polémico sello “ecológico” son también kilométricos.

Así que trata de consumir y promocionar la producción local y más sostenible, seas vegetariano o no, y trata de evitar la procedente de la agro-industria y de Organismos modificados genéticamente o transgénicos, muchas veces venidos de la otra parte del mundo, también fuertemente ligados, como ya he comentado, a los agro-tóxicos contaminantes y al monocultivo intensivo industrial que agota las tierras y la biodiversidad.
Y si no eres vegetariano, recuerda reducir el consumo general de proteínas animales y  a la hora de escoger el tipo de carne, ten en cuenta las opciones locales de producción orgánica.

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Volviendo al documental Cowspiracy y dando por buenos los demás datos que se ofrecen en el documental, que ya es mucho creer teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, hay varios puntos que llaman la atención;

Las comparaciones entre el consumo de agua dulce del ganado y el del fracking, son directamente una frivolidad.
Más allá de las cifras, y siendo claro el elevado consumo de agua por parte del ganado, nunca será lo mismo, por razones obvias, gastar agua para producir alimentos que para la extracción de crudo, aunque la agro-industria también necesite masivamente el oro negro. El fracking, además tiene una TRE (tasa de retorno energético) que deja bastante que desear,  es decir, la cantidad de energía utilizada para la extracción respecto a la cantidad de energía que se extrae,  y una rentabilidad económica más que discutible.
No se a que viene desalentar la lucha contra el fracking, menospreciar su consumo de agua dulce o sus terribles efectos en el medio y nuestra salud.
Recomiendo ver la película sobre el fracking, “Tierra prometida“, donde se escenifica la cara más siniestra de esta industria.

Hay otros aspectos a tener en cuenta si hablamos de nuestra huella hídrica, como por ejemplo nuestra vestimenta; un kilo de algodón para camisetas consume 10.800 litros de agua y un kilo de carne 15.415 litros. Ni uno ni otro consumo son sostenibles al ritmo actual.
Por tanto, aquellas personas que compran compulsivamente ropa para después apenas usar algunas prendas, van a tener una gran huella hídrica, a pesar de que no coman carne.

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Si sumamos a la huella hídrica el impacto de los residuos clorados de la industria textil o la enorme cantidad de fertilizantes y pesticidas que se usan para la producción de algodón a costa de tierras cultivables, se puede afirmar que el consumo exagerado y absurdo de ropa sería otro elemento importante relacionado con la sostenibilidad.

De igual forma, este documental, basándose en su errada comparación de emisiones de ganado vs. emisiones de transporte, también se desalienta o se menosprecia, e incluso se ridiculiza, cambiar la bici por el coche, al comparar su impacto con el del consumo de carne.
Algo preocupante, tal y como está la calidad del aire de nuestras ciudades, además de lo expuesto previamente.
También darse duchas cortas, separar basura, el compostaje más sostenible o apagar la luz para ahorrar, parece ya no importar cuando dejas de comer carne.

Ni una palabra de los mencionados alimentos kilométricos o una agricultura adicta al petróleo, nada de evitar el uso masivo de fertilizantes, pesticidas y herbicidas derivados de hidrocarburos que provocan las zonas muertas marinas. Nada tampoco de evitar el monocultivo intensivo y aumentar la biodiversidad y resiliencia de nuestros ecosistemas al hacerlos más complejos.
Nada se menciona, por tanto, de transicionar hacia otras formas más sostenibles de agricultura como sugiere la FAO y otros organismo de la ONU para lograr mayor seguridad y soberanía alimentarias de cara al futuro.


Fuente; no fish left


Pasemos a los aspectos nutricionales
.

Es alarmante que se diga en este documental, con total tranquilidad, que la dieta vegana se puede seguir sin ningún riesgo ya que todos los nutrientes se pueden obtener de los alimentos.
Esto es FALSO y todas las sociedades veganas y nutricionales serias, como la Unión Vegetariana Española, advierten que con este tipo dieta es imprescindible tomar suplementos (pastillas, gotas o inyecciones) de vitamina B12, únicamente presente en alimentos de origen animal (en su forma activa para el ser humano). De todo esto, ni una palabra en el documental.
Hay que tener cuidado si no se toman estos suplementos y se confía en los análisis de sangre habituales para medir la cantidad de B12 en sangre cuando dan resultados dentro de los rangos de normalidad, porque puede pasar, y de hecho es bastante habitual, que el consumo de algas, como la espirulina, falseen los resultados.
Esto es debido a que ciertas algas contienen análogos de la vitamina B12, pero que no son bio-activos para el ser humano.
Ha salido recientemente un estudio indicando que el alga Chlorella si tendría una forma bio-activa de vitamina B12, pero hay que ser cautelosos con estos resultados ya que el estudio lo paga una empresa dedicada a la suplementación de estas algas y habría que evaluar posibles conflictos de interés de sus autores, posibles sesgos de publicación, etc.
Por tanto, hay que medir otro parámetro bioquímico en la analítica, el ácico metilmalónico, que depende exclusivamente de la vitamina B12 para variar sus niveles en sangre, además de la analítica común de vitamina B12, junto con la historia clínica y dietética.
Hay que tener en cuenta en la historia clínica posibles patologías relacionadas con la función estomacal, donde se secreta un compuesto, el factor intrínseco, que se une a la B12 y es imprescindible para su absorción durante la digestión.
Cabe la posibilidad de que no haya signos clínicos de la anemia megaloblástica, la causada por deficiencia de B12, debido al exceso de folatos (vitamina B9) típico en este tipo de dieta (abundancia de verduras de hoja), que podrían cumplir su función y enmascarar una deficiencia de B12, pudiendo al final derivar, a medio-largo plazo, en un cuadro de desórdenes cognitivos, que si serían exclusivos de la deficiencia de B12.
Además de la analítica, hay que ser rigurosos con la cantidad que se toma y tipo de suplemento para tener un aporte suficiente, ya que hay muchas variantes; semanal o diario y con distintas cantidades según marca o formato.

fuente; Methylcobalamin Info pastis b12 ID-10046145-1-300x200 fuente inlifehealthcare Vitamin-B12-foods_autism.soveritas.com_
Fuente imagen; methylcobalamin-info         Fuente imagen; Inlifehealthcare

Aunque si es cierto que la dieta que conlleva el veganismo tiene bastantes aspectos positivos;
Las proteínas, minerales y demás vitaminas, a parte de la B12, se pueden obtener sin problemas siguiendo esta dieta de una forma más o menos planificada, quizás el aporte de Zinc o de Omega-3 no alcancen los niveles de un omnívoro, como expliqué en este post, pero no está del todo claro si es aplicable a todos los casos y parece que además no tiene gran relevancia clínica.
Al estar basada en el consumo de alimentos de origen vegetal, son claras las ventajas en algunos aspectos. El consumo de estos productos es la base de toda pirámide nutricional s (o sea, lo que más deberíamos consumir todos a diario) y tiene demostrados beneficios para la salud.

En cuanto a la pérdida de peso asociada a esta dieta, parece que hay una relación clara, revisando los estudios más recientes y podría ser una opción para adelgazar de forma saludable, siempre que esté bien planificada. La efectividad y la adherencia a esta dieta, en adultos a largo plazo, parecen ser bastante positivas.
Aunque en este otro estudio, en cambio, no se encuentra una gran ventaja respecto a otras dietas, sigue siendo la que más pérdida de peso implica.

También hay una relación positiva con la diabetes tipo II, según este estudio sobre resistencia a la insulina en distintas dietas a largo plazo, o en este otro , que compara la efectividad y también la aceptación, respecto a otras dietas.

Pero no parece haber beneficios significativos para el cáncer colo-rectal según este estudio epidemiológico, comparado con otras dietas, aunque también aclaran que la falta de diferencias significativas no se debe principalmente a  la ingesta o no de carne, sino a otras diferencias en el patrón dietético.
Sin embrago, en este otro estudio, también reciente, con una mayor muestra pero menos tiempo de seguimiento, si se encontró una reducción significativa en el riesgo de este tipo de cáncer entre vegetarianos, comparados con no vegetarianos. Es significativo resaltar que la reducción de riesgo más significativa fue entre los vegetarianos consumidores de pescado comparados con no vegetarianos.

Y por último en este estudio de la Universidad de Graz, Austria, que a su vez es parte de un estudio importante y más amplio de la UE (European Health Interview Survey),  esta dieta sale bastante mal parada. Encuentran “mayor incidencia de cáncer, alergias y desórdenes mentales, una mayor necesidad de atención médica y peor calidad de vida” . Al final animan a promocionar programas de salud pública para reducir los riesgos a la salud debido a factores nutricionales.

En cuanto a la hypospodia, una dolencia congénita por la que el bebé nace con un desarrollo anómalo del pene, se ha visto en varios estudios un incremento significativo en el riesgo de padecer esta dolencia cuando las madres son vegetarianas.
En este  estudio prospectivo sobre la relación de hypospadia y vegetarianismo durante el embarazo realizado en Reino Unido, o en este otro realizado en Suecia y Dinamarca, hallaron el riesgo incrementado (respectivamente, 4,9  y 4,6 veces más que las madres no vegetarianas).
Por otro lado, en este de EEUU, también realizado con una muestra suficientemente amplia aunque de casos y controles no prospectivo, con mayor número de casos positivos totales, pero con bastante menor proporción de madres vegetarianas en la muestra, no hallaron un mayor riesgo de hypospadia asociado a este tipo de dieta.
Sin embargo, en las revisiones de estudios más recientes sobre vegetarianismo en el embarazo constatan un incremento en el riesgo de hypospadia, como esta revisión polaca, o esta italiana. Esta última, considera segura esta dieta durante el embarazo, aunque también reconoce la escasez de estudios de este tipo y que sus resultados son heterogéneos.
Las causas de este supuesto aumento de riesgo no están claras, aparentemente no guarda relación con el consumo de suplementos, ni con un mayor aporte de fitoestrógenos, aunque tener un buen aporte dietético de colina (un nutriente importante en el embarazo) y de metionina (un aminoácido esencial) no parece ser mala idea según este estudio.

Otro tema a tratar es que sea fácil la adherencia saludable a estos hábitos dietéticos en niños y también adultos veganos, así como un adecuado protocolo de suplementación, y aquí ya entro en una valoración totalmente personal aunque basada en criterios de salud y la experiencia.
Hay que comenzar diciendo que la dieta vegana puede ser una opción perfectamente sana  y completa, tanto para adultos como para los niños, incluso más que la dieta omnívora media, si se puede planificar mínimamente. Los problemas pueden venir de la falta de esa planificación y la desinformación.
Es complicado que los padres, con los horarios interminables de hoy en día y la falta de conciliación familiar, puedan tener tiempo suficiente, en todos los casos, para planificar una compra saludable de productos frescos y cocinar casi a diario, con lo que la planificación de la dieta vegana para un niño, que además tiene también su propio entorno social, puede que acabe no siendo lo suficientemente buena como para asegurar todos los nutrientes y calorías. En este caso, se podría acabar de forma adicional cayendo en los mismos errores de un omnívoro que tenga los mismos condicionantes sociales (alimentos procesados con mucho azúcar, grasas poco saludables y mucha sal, productos perjudiciales para la salud).

Debido a estas consideraciones, y dependiendo de cada caso, puede ser más fácil y seguro, por precaución, un aporte suficiente de calorías, de las proteínas de alto valor biológico, de Zinc, de omega-3, de la vitamina B12 y de hierro hemo (el de origen animal y bastante más bio-disponible que el de origen vegetal), incorporando a la dieta un filete de carne no procesada o pescado de vez en cuando, sobre todo en el caso de niños, en crecimiento y muy activos. En vez de andar, bajo las circunstancias descritas, combinando legumbres para tener todos los aminoácidos (no en el caso de la soja o los garbanzos que los tiene todos y es una buena alternativa proteica vegetal) junto con zumos de cítricos para absorber mejor el hierro y pastillas a diario, inyecciones o gotas en el caso de un bebé, para aportar la vitamina B12.

Incluso no me parece (repito que es una postura personal) que darle pastillas o inyecciones a un niño (o gotas a un bebé), como si estuviera enfermo, sea la mejor idea.
No digo que le vaya a traumatizar psicológicamente, pero prefiero que se relacionen con los alimentos y no con suplementos de la Industria farmacéutica.
Es cierto que también hay genéricos cubiertos por la Seguridad Social, aunque no se suelen prescribir en caso de llevar una dieta vegetariana o vegana, algo totalmente incomprensible, teniendo en cuenta el riesgo manifiesto de padecer una deficiencia en caso de no suplementarse, cuando además, es algo recogido en la indicaciones terapéuticas de su ficha técnica del Ministerio.
Las pastillas, las gotas o las inyecciones de una compañía farmacéutica no forman parte de ninguna dieta que incluya todos los nutrientes y se suelen usar sólo en caso de carencias alimentarias insalvables desde una intervención dietética o en dietas en las que algún nutriente esté comprometido.
Yo prefiero combinar las fuentes vegetales y animales, no procesadas, dando clara preferencia a las vegetales y reduciendo cada vez más las fuentes animales, pero nunca excluyendo del todo grupos de alimentos.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta en los niños veganos son las alergias. Es conveniente realizarle a estos niños una exposición al huevo y al marisco por si son alérgicos, ya que al no formar parte de su dieta, no hay manera de saberlo y luego puede haber problemas si prueban estos alimentos fuera de casa y resulta que si son alérgicos.

De todas formas, este tema es decisión de los padres, y son ellos los únicos que pueden decidir si facilitan todos los grupos de alimentos a sus hijos y después les dejan decidir que opción seguir cuando son más mayores, o por el contrario, prefieren que adopten el veganismo desde el destete, por las razones que sean (la lactancia materna que no se la salte nadie siempre que se pueda, por favor).

En cualquier caso, la salubridad de una persona vegana implica otros muchos factores, al igual que en el caso de la sostenibilidad.
Por ejemplo, el tipo de dieta vegana que se adopte, algunos alimentos procesados veganos son bastante insanos (además de caros), y los hay que se hartan a harinas refinadas, grasas insanas o azúcares y comen poca verdura o legumbres, repitiendo así los errores clásicos del omnívoro medio.
Aunque también es cierto que no suele ser lo más habitual y los veganos suelen ser personas preocupadas por una alimentación saludable, aunque también hay mucha desinformación.

En cuanto a la promoción de los hábitos dietéticos veganos (ya se sabe que el veganismo es mucho más que una dieta, pero también es claro que implica unos hábitos dietéticos determinados), creo que para que se realice desde las instituciones es imprescindible que se garantice la presencia de nutricionistas en atención primaria, accesibles a todos debido a la gran desinformación que existe sobre este tema. También le corresponde a la Administración la promoción de hábitos que contemplen un mayor consumo de vegetales y un descenso urgente en el consumo de proteínas de origen animal para universalizar una alimentación saludable y sostenible.
Por otro lado, promocionar unos hábitos dietéticos que implican publicitar un suplemento de la industria farmaceútica, es decir, favorecer intereses privados, es algo que le corresponde exclusivamente a un capital privado hasta que se produzcan los suplementos de vitamina B12 desde lo público, a bajo coste, si hay voluntad política para ello.

Si pienso , por el contrario, que la sanidad pública SI debe tener la capacidad de atender y asesorar a las personas que adopten las restricciones dietéticas del veganismo, cosa que no ocurre ahora mismo, ya que España es el único país de la UE que no incorpora Nutricionistas en su sistema nacional de salud.

Se suele afirmar, como hace el documental que venimos analizando, que el hambre  y la desigualdad alimentaria en el mundo se produce principalmente por destinar parte de los cultivos para alimentar al ganado, algo que es, como poco, tendencioso.
Si bien es cierto que gran parte de las tierras cultivables se destinan a producir piensos para la alimentación animal, obviar las verdaderas causas, no ayuda a solucionar ningún problema.
Estas causas se encuentran en el despilfarro bestial y absurdo de alimentos en el mundo, y tienen su raíces en la política y su tratados de libre comercio y energéticos, en las finanzas, en la crisis medioambiental y en el oligopolio de un puñado de multinacionales de la Industria alimentaria, y no sólo en el nivel de producción agropecuaria, sea ésta del tipo que sea.

Por tanto, incluso en un mundo completamente vegano seguiríamos teniendo unas desigualdades alimentarias muy parecidas por no tocar, ni siquiera nombrar a veces, las verdaderas causas; no se producen alimentos para dar de comer a la gente sino, ante todo, para la rentabilidad corporativa y financiera de unos pocos.
Más aun, si finalmente se implanta el tratado de libre comercio entre la UE y EEUU, el tristemente famosos TTIP, con el que, además, vamos a perder mucha calidad y derechos.
Obviar esta dimensión del problema es dar una información sesgada cuando se habla de hambre en el mundo o desigualdad alimentaria.
Para mitigar este drama, los organismo oficiales, vuelven a  apostar por la transición agropecuaria hacia formas más sostenibles para asegurara la soberanía y seguridad alimentarias.

En definitiva, quienes piensen que dejando de comer carne pueden echar gasolina todos los días en un todo terreno para ir sólo por la ciudad o mostrarse indiferente ante una agricultura insostenible y sus raíces políticas, porque, aún así, siguen pensando que tienen unos hábitos más sostenibles que la media, sólo se engañan a si mismos, buscando su profecía autocumplida.

Además, es triste no pensar en soluciones más allá del plano individual, de los hábitos personales, de la lógica corporativa y financiera de consumidores que cambian el mundo comprando distinto o comiendo distinto, sin buscar culpables ni responsabilidades políticas; no hay política sólo mercado y todos somos culpables por igual, cuando eso no es cierto.
Es decir, la misma lógica individualista que nos ha traído aquí.
Es fijarse más en el dedo que en la luna a la que señala; repliegue personal basado en el consumo (cuya capacidad transformadora tiene sus límites) en vez de ofensiva colectiva basada en la voluntad política y económica (totalmente regida a su vez por la política).

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No es moco de pavo lo que nos jugamos; 
“Esto no se trata de los osos polares, esto
se trata sobre efectos reales en los seres
humanos, estamos hablando de escasez de
alimentos, de escasez de agua.”

Se suele decir que comprar es un acto político, y en cierto modo lo es, pero su alcance suele ser bastante limitado.
Y es que, en realidad, es al revés; es la política la que determina el tipo de consumo, al fomentar una determinada hegemonía cultural y por tanto, el tipo de consumo hegemónico en una sociedad.
Esto ocurre mediante el tipo de publicidad y de periodismo que se permite y fomenta, generando así nuestro entorno alimentario obesogénico actual, insostenible medio-ambientalmente y más barato cuanto más insano es, algo que significa una verdadera condena sanitaria para las rentas más bajas y los barrios más humildes (“desiertos alimentarios”), por culpa de una legislación ineficaz y la presión de los lobbies alimentarios.
No obstante, es imprescindible tener unos hábitos responsables y racionales, pero para conseguir que eso sea algo generalizado y que tenga un impacto real, hay que recurrir a la acción política, empezando por la difusión, promoviendo el reparto de riqueza y un cambio de paradigma productivo y económico.
Es la acción política la que tiene mayor capacidad transformadora frente a una capacidad limitada y puntual del consumo, al no haber libertad de elección real y menos si se tiene un presupuesto ajustado.
Difundir las ideas, asociarse con otros, desobedecer, salir a la calle, votar, etc., son actos políticos que están en nuestra mano.

No caigamos en ser el clásico “idiota” en el sentido de la antigua Grecia; aquellos ciudadanos privados y egoístas que no se ocupaban de los asuntos públicos, es decir, de la dimensión política de la realidad, desechando por tanto, las soluciones colectivas, sean éstas consensos promovidos desde las instituciones del Estado o promovidos de abajo hacia arriba por la sociedad civil, que suele ser más común.
Y es que, en la ecología, como en la alimentación, hay también mucho mito y negocio, así nos va.

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Acerca de Alejandro Moruno Danzi

Diplomado universitario en Nutrición humana y dietética.
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4 respuestas a SOSTENIBILIDAD Y SALUD EN EL VEGANISMO; COWSPIRACY, MÁS ALLÁ DEL MITO

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  3. Ximena Perales dijo:

    La vitamina B12 si se puede encontrar en una dieta vegetal, se produce por microorganismos en el suelo, no por los animales en sí. La encontramos en los productos animales porque los animales de donde la obtuvieron fue de las plantas en contacto con el suelo que comieron en primer lugar, con el proceso de sanitización actual a los alimentos vegetales, esa vitamina es eliminada y por eso los veganos pueden obtenerla a través de suplementos que obtienen la vitamina de algas marinas.
    Yo pienso que no mencionaron en el documental el aspecto de la sostenibilidad de una dieta vegana con alimentos exportados porque el principal enfoque era el impacto de los productos animales y era mejor comenzar mostrando lo más grave, claro que también es importante pero hay que atacar el principal problema primero.
    Planificar una dieta vegana para uno mismo o para la familia quizá sí requiere un poco de tiempo al inicio para planear ya que vas a comenzar a hacer algo diferente, pero poco tiempo después de empezar no tiene por qué ser más complicada que planear una dieta omnívora. El tiempo invertido al comienzo es un minúsculo sacrificio comparado con todos los beneficios que se obtienen de una dieta basada en plantas. Y el que los padres no tengan ‘suficiente tiempo’ para planear la alimentación al inicio no justifica que sigan consumiendo productos animales que no solo dañan la salud de los niños, sino que destruyen del mundo en que viven y vivirán en el futuro. Es decir, incluso por la parte de conveniencia es mejor tener un estilo de vida vegano porque para nadie es conveniente que en un futuro no tengamos suficientes recursos sanos en el planeta para sobrevivir.

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    • Gracias por tu comentario Ximena, estoy de acuerdo con lo que dices de la planificación aunque cada caso es un mundo y más con laprecariedad laboralque hay. Eso si, no toda la proteína animal es igual ni tiene la misma procedencia ni forma de producción, y sobretodo, la cantidad semanal que se consuma.
      En cuanto a la B12, siento decirte que aun comiendo verduras orgánicas con toda su tierra ( y esas bacterias con su B12) no se asegura un aporte saludable, por no decir que te arriesgas a una intoxicación como un piano.
      No creo que haya que competir entre el impacto de unas cosas y otras, sino conseguir sinergias que permitan abordar todas las fuentes antropogénicas de GEI, la dieta es de lo más importante sin duda, pero ojo al transporte y la producción de energía, que no se sabe bien cuanto metano y Co2 emite.
      Un saludo

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