¿PUEDE SER LA GANADERÍA SOSTENIBLE?

Reproduzco el último post publicado originalmente en el blog Autonomía y Bienvivir, espero que os resulte interesante.

“Lamentablemente, la realidad va en dirección opuesta a la ciencia. Los acuerdos de libre comercio entre países nos seguirán brindando imágenes absurdas y preocupantes, como la acontecida el pasado 20 de octubre, cuando por primera vez 150 vacas vivas volaron en un Boeing 747 desde Australia a China con el objetivo de abastecer la creciente demanda del mercado urbano chino. La economía ortodoxa manda y mientras las vacas viajan en avión, el planeta se calienta, el medio rural se despuebla y los urbanitas morimos de cáncer. Qué panorama…”
Marta Guadalupe Rivera Ferre
Consejo editor de la Revista Soberanía Alimentaria
Experta del IPCC

Hoy he mantenido una larga y animada charla con un productor ganadero de la sierra de Madrid, miembro de un equipo multidisciplinar de ingenieros agrónomos, ganaderos y veterinarios, del que soy un feliz cliente hace varios meses, a través de mi grupo de consumo.
Le he preguntado sobretodo por la alimentación que reciben sus vacas y me confirma que no recurren a la soja importada de la otra parte del mundo para alimentarlas.
Comenta que la tienen completamente descartada, no es necesaria, es cara, e incluso en Madrid, donde sólo hay pasto para dos o tres meses al año, se pueden recurrir a otras opciones.
Fuera de ese período de pastoreo, se alimentan con piensos locales, que fabrican ellos mismos, basados en heno y una mezcla de cereales y otras leguminosas de vez en cuando, para completar el aporte protéíco. Son cereales transgénicos (maíz), eso si, pero es que el marco regulatorio actual (contaminación cruzada en cultivos, contaminación cruzada en silos, etc.) hace que la producción de piensos ecológicos sea casi imposible en España y haya que importarlo casi siempre, con los sobrecostes que representa.
No obstante, el sueño de cualquier productor, es ahorrar en insumos, y preferiría que pudieran pastar libremente en la Sierra madrileña todo el año.
Ese es el camino; minimizar el aporte de piensos e insumos derivados de combustibles fósiles en toda la cadena de producción (desde los cultivos para piensos hasta la distribución final de la carne), contribuyendo además a fertilizar la tierra, a retener más agua, a movilizar semillas, a menos deforestación y a captar más CO2 atmosférico. También, las granjas extensivas, en comparación con la producción industrial, contribuyen a afianzar a la gente al medio rural, generando empleos directos e indirectos, algo extensible también a la agricultura.

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Recordemos además, que la pérdida de herbívoros terrestres es una de las causas de que se esté rompiendo el ciclo natural de transporte de nutrientes para nuestros suelos, con todo lo que conlleva.

Me comenta también el ganadero, que el sello ecológico permite el uso de piensos convencionales en determinados supuestos, como cuando no hay disponibilidad de insumos ecológicos o por la sequía, por ejemplo. Por lo que algunos productores se dedican al engorde con piensos convencionales casi todo el año, haciendo, de la excepción que recoge la regulación, la norma, produciendo más gases de efecto invernadero al usar materias primas derivadas de una agricultura que implica un alto consumo de combustibles fósiles, deforestación y viajes kilométricos. Después, le ponen el sello ecológico. Y es que esta regulación tiene grandes lagunas y contradicciones, como permitir los alimentos kilométricos, por ejemplo.

Ya ni hablemos de la producción ganadera intensiva convencional y su enorme emisión de metano y otros gases de efecto invernadero, con la que se nos viene encima debido a las emisiones de este gas por el derretimiento acelerado del permafrost. O el hacinamiento de animales, muchas veces en condiciones infames. Abusan de medicamentos y antibióticos y no sólo cuando toque vacunarse o estén enfermos respetando dosis y tiempos antes del sacrificio, como hace este productor con el que he charlado, sino como cóctel habitual en la vida del animal (lo de tratarlos con homeopatía como sugiere el sello ecológico no es serio y además no contribuye al bienestar del animal). El abuso de antibióticos hace más contaminantes los desechos animales y favorecen la aparición de “superbacterias” resistentes a antibióticos.
Esta producción ganadera industrial y sus piensos son del todo insostenibles teniendo en cuenta su gran impacto medioambiental, como analiza VSF-Justicia Alimentaria Global en este magnífica recopilación de estudios al respecto.
Mejor acude a un grupo de consumo, conoce al productor, conoce su finca y como trabaja, si de verdad buscas una producción sostenible, realmente local, de temporada, con mayor biodiversidad y de calidad.

No todos los tipos de producción ganadera son iguales, eso si, sin disminuir el consumo actual de productos de origen animal, no hay modelo que aguante, como analicé en este post.
Con un consumo de medio kilo de carne (fresca, no procesada) a la semana, es más que suficiente, el resto de la semana se puede sustituir por un plato de legumbres con arroz, por ejemplo, que aporta también todos los aminoácidos.

Desde el punto de vista de la composición nutricional, hay estudios que indican mayor concentración de ácidos grasos poliinsaturados y menos saturadas en la carne procedente de ganado alimentado con más forraje, en comparación con la procedente de ganado alimentado con más granos, mayor cantidad de vitaminas, algunas de ellas con propiedades antioxidantes y, personalmente, he de decir que mejor sabor y textura, aunque esto puede deberse también a una mejor curación de la carne.
No obstante, estas valoraciones no implican que tengan un mejor impacto en la salud humana que la carne procedente de producción industrial por tener distintos valores en algunos nutrientes, aunque tampoco se puede afirmar que no sea así, ya que no existen estudios comparativos a largo plazo midiendo los efectos en la salud humana.
Por otro lado, como recuerda la investigadora Marta Guadalupe Rivera Ferre, experta del IPCC, en este interesante artículo, al hablar del reciente informe de la OMS sobre el consumo de carne y riesgo aumentado de cáncer;
“No existen datos en relación al cáncer colorrectal entre los distintos modelos pero sí existen estudios (algunos de la propia OMS) que nos indican que existen diferencias entre los tipos de carne y que es necesario diferenciar entre modelos productivos cuando hablamos de los impactos de la carne en la salud.”
En cuanto a los lácteos, parece que los de procedencia orgánica tienen menos residuos de pesticidas, antibióticos, decenas de fármacos, como indican este artículo y este otro.

En cualquier caso, se equivoca el lobby pro-transgénicos cuando defiende para nuestros piensos el modelo sojero de monocultivo intensivo, cantidades crecientes de herbicidas potencialmente cancerigenos, contaminación de acuíferos y transporte kilométrico desde la otra parte del mundo, cuando aquí tenemos otras posibilidades más sostenibles y baratas combinadas con una ganadería extensiva y el fomento de otro paradigma en el consumo.
Si lo que se pretende es fomentar la producción industrial de carne para que unos pocos maximicen sus beneficios a costa de los recursos de todos y de una mayor huella de carbono, mientras no se hace nada para racionalizar el consumo de carne en la sociedad, tratando de fomentar otro paradigma cultural y dietético (volviendo a la dieta Mediterránea, la de verdad, no la de los anuncios), ni tampoco se pretende hacer nada para mejorar las condiciones de los animales, entonces si, el modelo sojero antes descrito es válido para nuestra actual sociedad insostenible y suicida. Y sino que se lo digan a los 160.000 evacuados en Argentina y Paraguay (de donde procede casi toda las soja transgénica, junto con Brasil) estos días por las inundaciones provocadas por la deforestación sojera.

Es la cultura del fracking, del empleo (distinto del trabajo), de los transgénicos, de los antidepresivos, de la geoingeniería, de las dietas y productos “milagro” o de los restaurantes con máquinas que filtran el aire y cobran por ello.
Es decir, la cultura que pone parches y parches para no abordar nunca las soluciones a las verdaderas causas. Pero no es algo inherente a la naturaleza humana, sino promovido por una construcción social y por un modelo civilizatorio concretos enfrentados a la naturaleza, queriendo amoldarla al marketing o a los flujos financieros, en vez de tratar de imitarla para minimizar la agresión.
Necesitamos de una vez una transición hacia un modelo agropecuario y dietético más sostenibles, porque en este caso, si, si es posible una ganadería sostenible.


(Photo: kris krüg/flickr/cc/with overlay) Fuente; The Guardian

ACTUALIZACIÓN 22 de Marzo de 2016;
Actualmente no esta claro que tipo de alimentación para ganado tiene menos impacto en cuanto a gases de efecto invernadero se refiere. Parece ser, que la introducción de algunos cereales, como el maíz, o algunos suplementos de ácidos grasos, disminuye la fermentación entérica de los rumiantes en comparación con una dieta a base de hierba más fermentable, como indica este informe, el cual, no  obstante, está financiado, entre otros, por Nutreco, una de las grandes corporaciones de alimentación animal.

Este informe también recoge la posibilidad de mejorar el tipo de forraje, si se opta por este tipo de alimentación, usando hierbas más viejas, más leñosas o con mayor grado de lignificación, además de trocearlas previamente, todo lo cual las hace menos fermentables que el forraje más joven y tierno, más fermentable y por tanto se emitiría menos CH4.
Se suele indicar que aún así, las emisiones serían también mayores que en el caso de piensos concentrados, a base de cereales y leguminosas, por requerir éstos menos cantidad de energía y alimento para lograr el mismo engorde, es decir, que la mayor productividad supuestamente hace más eficiente la digestibilidad y la cantidad de la alimentación usada , por lo que las emisiones son también menores.

Eso si, el informe se olvida de las emisiones que conlleva traer piensos de la otra parte del mundo y que están sujetos a un modo de producción totalmente insostenible,
además de otras consideraciones, como las emisiones de NO2 y CH4 provenientes de los desechos y purines de la ganadería intensiva, el agua que consume su gestión y los acuíferos u océanos que contaminan. Los desechos en ganadería extensiva no tienen el mismo impacto al ser depositados en pastos y manejados en seco, no en piscinas o con agua a presión como ocurre con las purines de la ganadería industrial intensiva, en vez de aprovecharse para obtener energía (gas metano) como hacen en Canadá, o aprovecharse para abono animal.
Tampoco se mide la capacidad de retener CO2 que tiene la integración sostenible de ganado y cultivos, la capacidad incluso de prevenir más incendios retomando el pastoreo, la pérdida de abono animal por la gestión industrial de purines, etc.
Ni la FAO ni este estudio hacen el cómputo global de emisiones, ni tampoco se plantean hacer pedagogía para bajar el consumo de carne. Por el contrario, ponen el foco en aumentar la productividad y combinar distintos piensos a base de cereales y leguminosas para emitir algo menos de metano, es decir la pescadilla que se muerde la cola.

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Acerca de Alejandro Moruno Danzi

Diplomado universitario en Nutrición humana y dietética.
Esta entrada fue publicada en Alimentación, Medio ambiente, Sostenibilidad. Guarda el enlace permanente.

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